¿Qué es la volatilidad de un valor y cómo la medimos?
Aunque el objetivo de este manual no es hablar sobre estadística, es importante detenernos un momento sobre el concepto de volatilidad.

Hasta ahora hemos hablado de que un valor puede ser volátil y de forma imprecisa se podría inferir que esto quiere decir que su cotización se mueve y oscila bastante. Pero ¿hay alguna forma más científica de determinar la volatilidad de un valor?
La respuesta es sí, y de hecho se utiliza cada vez más a la hora de ponderar el riesgo o volatilidad inherente a una cartera.

La volatilidad que se suele utilizar en estos cálculos es histórica, es decir, analizar lo que ya ha pasado. Hay todo tipo de estudios para intentar proyectar estos resultados sobre el futuro, pero con distinto grado de éxito.
La volatilidad se mide, básicamente, a través de la variación de una serie de precios. El proceso es estudiar una serie de cotizaciones de un valor lo suficientemente larga (lo ideal son 150 semanas o tres años), y calcular su variación y, por tanto, su desviación típica, entendiendo por esta la volatilidad o riesgo del valor.
Sin embargo, el concepto más utilizado para analizar esta volatilidad de los valores es el coeficiente beta. Este coeficiente representa la variabilidad del valor frente al índice. De esta forma, si un valor tiene un beta de uno, significaría que oscila de igual forma que el índice sobre el que se haya calculado. Si se encuentra por encima significa que cuando el índice suba o baje, el valor lo hará en mayor medida en ambos casos, mientras que por debajo de la unidad el concepto es el inverso. De esta forma se pueden confeccionar carteras más o menos agresivas/defensivas en función del beta que tengan los valores que la componen. Valores defensivos tendrán betas por debajo de uno, mientras que los agresivos las tendrán por encima.