¿Qué es el análisis estacional?
En este caso se trata de estudiar la cuenta de resultados de una empresa por trimestres para saber cuál es la aportación de cada uno de ellos a la cuenta acumulada de final de ejercicio.
La forma más útil suele ser poner todas las partidas de las cuatro cuentas de resultados trimestrales en porcentajes sobre cada una de las partidas de la de final de año. Para ello hay que calcular la cuenta de resultados individual de cada trimestre, que se obtiene de restar la acumulada hasta ese momento menos la del anterior trimestre (siempre que no hablemos del primero).
Una vez calculados los porcentajes de estas cuentas de resultados sobre la de final de ejercicio acumulada, trabajamos sobre los porcentajes para realizar la comparación.
Es ahora cuando es fácil ver que, por ejemplo, el segundo trimestre aporta un 35 por ciento de los ingresos de todo el año (en teoría cada partida debería ser el 25 por ciento del total, con lo que no habría estacionalidad); estas conclusiones se estudian y, sobre todo, se tienen en cuenta cuando se comunican los resultados trimestrales, ya que podría llevar a confusión ver que una empresa comunica unos resultados muy elevados en el tercer trimestre comparados con los de final de año (pensemos, por ejemplo, en las cerveceras).
No sólo se estudian los ingresos, sino también las partidas de gasto. Puede ser que una empresa subcontrate servicios de forma masiva durante un periodo de un año, por lo que sus gastos aumentarán en ese momento y su aportación será superior al 25 por ciento.
Este análisis sirve también para llegar a conclusiones sobre la fortaleza de la cuenta de resultados en momentos de cambio de ciclo. Así, si estimamos que la economía iniciará una salida de una crisis en el segundo semestre del ejercicio y nuestra empresa tiene una estacionalidad muy fuerte en ingresos hacia el primero, no deberíamos apostar de forma agresiva por ella hasta el ejercicio siguiente.