2013 no será un año cualquiera para la Reserva Federal. Será el de su centenario. El banco central de EEUU soplará ya 100 velas. Otra cosa será que la economía le permita celebrarlo... o si se tratará de un aniversario amargo. En cualquier caso, será un ejercicio histórico, con los tipos de interés más bajos que nunca y la promesa de que, si hace falta, la institución enviará más medicina extraordinaria contra la crisis.
En la víspera de la Nochebuena de 1913, el presidente de EEUU, Woodrow Wilson, firmó la Ley de la Reserva Federal. Fue el acto que constituyó el nacimiento del que, casi un siglo después, está considerado el banco central de referencia en todo el mundo. Curioso que sea así, como relata Martin Mayer en su libro La Reserva Federal. "Nada habría sorprendido más a los autores de la Ley de la Reserva Federal de 1913 que el saber hoy en día la Fed representa el ideal de un banco centra. Ellos deseaban dejar claro que la Reserva Federal no era y nunca sería un banco central".
De crisis... en crisis

Pero así de caprichoso es el destino. Y más que puede serlo. Porque una cadena de crisis -los sucesivos pánicos bancarios de 1873, 1893 y 1907- condujo a su nacimiento en 1913 y ahora, 100 años después, otra crisis marcará su centenario. Porque lo marcará. Lo tienen muy claro su actual presidente, Ben Bernanke, y los restantes miembros del Comité Federal del Mercado Abierto (CFMA), el órgano de la Fed encargado de regir los pasos monetarios de la mayor economía del mundo. Así lo confirma el contenido de las actas de la última reunión del CFMA, que evidencia que la institución ya piensa en 2013 y que está dispuesta a aplicar más medidas extraordinarias anticrisis. "Un número de participantes en la reunión indicó que podría ser apropiado llevar a cabo compras adicionales de deuda el próximo año (...) para conseguir una sustancial mejoría en el mercado laboral".
Y es que la Fed tiene muy clara su prioridad en estos momentos: afianzar la recuperación a través de la creación de empleo. Para ello, está poniendo en el asador más carne monetaria de la que jamás se ha visto. Cuando la Fed cumpla 100 años en diciembre de 2013, los tipos de interés seguirán entre el 0 y el 0,25%, el nivel más bajo de siempre y en el que se encuentran desde finales de 2008.
Como complemento, otras iniciativas poco convencionales -como la Operación Twist, con la que vende deuda a corto plazo y compra deuda a largo plazo- y, sobre todo, unas dosis sin precedentes de estímulos cuantitativos. Ya va por el tercero -QE3-, con el que se ha comprometido a dedicar 40.000 millones de dólares al mes, durante un tiempo indefinido, a la compra de deuda hipotecaria. Con los dos anteriores -QE1 y QE2-, Bernanke ya imprimió 2,3 billones de dólares nuevos. Y tal como recogen las actas de la reunión de octubre, la Fed no descarta prolongar esta política eternamente con tal de intentar generar las mejores condiciones para reducir el paro, que sigue cerca del 8%, cuando la media de los últimos 50 años se limita al 6,1%.
Bernanke, a lo Montgomery Clift, Burt Lancaster o Frank Sinatra, está protagonizando su particular versión de una película legendaria. En su caso, se titularía De aquí a la QEternidad. Y otro matiz: aquí el Pearl Harbor puede ser económico.
Abismo fiscal: nadie es omnipotente

Pero ni la firme convicción de Bernanke, estudioso de la Gran Depresión y de la crisis japonesa, garantiza el éxito. Como él mismo ha reconocido en más de una ocasión, la política monetaria "no es la panacea". Dicho de otro modo: pese a su aparente poder ilimitado, la Fed no es omnipotente. No lo puede todo. Y menos aún si la economía norteamericana corre el riesgo de despeñarse por un abismo fiscal como el que le espera en enero de 2013 si demócratas y republicanos no lo impiden antes.
Consciente de este peligro y del limitado alcance de la política monetaria, fue el propio Bernanke el que acuñó el término fiscal cliff -abismo o precipicio fiscal- para referirse a la amenaza que aguarda a la vuelta de la esquina. Un cóctel de recorte de gasto público y subida de impuestos que, de forma conjunta, podría costar 600.000 millones de dólares a EEUU, una cifra equivalente al 4% de la economía norteamericana. Para mostrar la dimensión que supone este desafío, Bernanke volvió a ser de lo más explícito el pasado 1 de octubre. "Si se permite que [el fiscal cliff] ocurra, podría devolver de nuevo a la economía a la recesión", advirtió el presidente de la Fed.
Por si no fuera suficiente con estos retos, en el cumpleaños de la Fed se colará otra incógnita más: la de saber si Barack Obama será capaz de convencer a Bernanke para que siga cuatro años más en la presidencia, puesto que su actual mandato expira en enero de 2014. La solución, en 2013, un año que promete emociones fuertes para la Reserva Federal. Y no sólo por su centenario.